Cambiar el juego

June 9, 2012 § Leave a comment

En medio de vender flores a una economía que no necesita adornos sino cambios sustanciales de pensamiento colectivo para que el mundo sea mejor, yo siempre estoy en mi cubículo tratando de salvarme de caer en la trampa. Es cuando mi bolso me ampara, SIEMPRE hay varias cosas indispensables para soportar el día en un idioma extranjero y totalmente desesperanzador: ipod, audífonos gigantes, una libreta, un lapicero, un libro de poesía, el libro que este leyendo y el libro de Seth Godin, autor que se ha convertido en uno de mis favoritos y de lectura diaria y obligatoria.

Me encontré con una frase iluminadora de pensamiento,

“If the game is designed for you to lose, don’t play that game. Play a different one”.

Cuando leí esto fue una gran revelación. ¿Porqué carajos seguimos metidos en situaciones imposibles que uno sabe que tarde o temprano van a terminar por darnos una puñalada a matar? Más específico aún, ¿Porqué somos tan majaderos de meternos en relaciones sentimentales que desde el primer coqueteo están destinadas para que uno pierda, y peor aún, que pierda siempre un pedazo de uno mismo?  – Es una majadería seguir yendo a los lugares donde no nos quieren, donde no nos valoran, donde desde el principio sabemos que vamos perdiendo por goleada (para utilizar alguna metáfora futbolística). Todo lo atribuimos a “es que yo l@ quier@” o “yo sé que en algún momento va a ser diferente”. Pues no. Nunca va a ser diferente. La única persona que puede cambiar algo es uno mismo, ¿Cómo? -¡Huyendo! Así de simple. Si existe una relación que uno desde el inicio le quita la paz, lo mejor que uno puede hacer es huir por la derecha, por la izquierda o por el centro. El punto es irse lo más rápido posible, pues irse es muchas veces la mejor decisión.

Es una decisión práctica. Todo en la vida debería ser regido por este principio, por amor propi: “Si voy a salir con media parte de mí menos, mejor salgo de aquí”,  “sino puedo hacer lo que quiero en este país, me voy a otro donde si pueda”, “si no me valoran en este trabajo, busco otro” y así sucesivamente. Es decir, se trata de dejar de ser la víctima eterna y tomar decisiones que se encaminen en tenernos la mayoría del tiempo que se pueda completos.

La predilección de buscar relaciones autodestructivas no sé si lo aprendimos de las telenovelas, las películas, de la tradición oral o de los chismes del barrio, pero es una práctica suicida que a la larga nos va a tener con la imposibilidad de poder concretar sentimientos nuevamente.  La tendencia a matarnos de relación en relación se detiene de manera bastante sencilla: cambiándose de juego.

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¡Gracias por ser la otra!

May 10, 2012 § 2 Comments

Más allá de escribir algo higadoso y salido de las vísceras, me tomé la molestia de esperar un tiempo considerable para expresar mi enojo, que en un tiempo  se convirtió en un profundo y eterno agradecimiento. Es claro que tuve en la boca cualquier cantidad de epítetos en su momento: “zorra”, “puta”, “metida”, “tierrosa” y algunos otros para ponerla contra la pared de su creencia religiosa, lo cual me resultó divertido e irónico.

Golpeada por varios años en los cuales la vida decidió azotar contra mí, me he hecho fiel creyente que lo peor que le puede pasar a uno, en el largo o corto plazo, como es este el caso, puede ser el mejor suceso para que las piezas se acomoden y el laberinto vaya teniendo más sentido.

Me pasó en uno de los instantes más críticos de mi vida. Me pasó cuando estaba retomando esperanzas. Me pasó en el mejor y en el peor momento. Yo, llena de ilusiones de estar tan cerca de cumplir mis sueños como lo estoy, con los pies casi puestos en otro país y en otra vida, dejando gentes, libros y comidas; me di cuenta de una verdad que, en el momento, sentí como un disparo a matar al pecho.

Con la promesa (falsa) de un vida en el nuevo lugar y un recital de mentiras sobre el amor y la compañía, caí de un alto piso de golpe al suelo, para darme cuenta que nada cambia, todo es igual y que perro que come huevos ni quemándole el hocico.

Sin embargo, yo le agradezco a esa señora (porque en tamaña bronca se metió el cabrón) por haberme abierto los ojos como debe ser: rápido y con dolor. Gracias por ser tan necia de llamarlo tanto que pareciera sospechoso. Gracias por enojarse y tirarle el teléfono cuando él le decía que estaba conmigo. Gracias por darme todas las pistas para que yo solita entendiera que había algo extraño en la pintura. Por supuesto, gracias al “galán” por ser tan mal actor, o más bien,  ¿Debería atribuir esto a mi buena habilidad para leer el comportamiento humano?- No sé, sea lo que sea, yo agradezco infinitamente a todo lo que me llevó al descubrimiento final.

¿Porqué agradecer y no odiar? –La existencia de la señora en cuestión me hizo dejar de buscar respuestas y más bien hacerme otras preguntas. ¿Quiero a alguien que se muera por la imposibilidad de querer a alguien (citando a Cortázar) o alguien que muera por la posibilidad de estar conmigo? ¿Quiero a alguien que muera por lo básico y no que se arriesgue por lo extraordinario? ¿Quiero a alguien así a mi lado?–Y la pregunta más trascendental de todas, ¿Quiero a alguien que me quiera o que me quiera a medias?

Agradezco porque me quitó de encima el error más grande que pude haber cometido. Gracias por hacerme entender que estoy para muchísimo más y que estas historias gastadas no son para mí y son realmente vomitivas. Les agradezco porque me dieron la única oportunidad de que en este poco tiempo que me queda por acá de volver la mirada y darme cuenta que en este otro lado estaba lo que tanto estaba buscando. ¡Gracias al peor de los momentos, porque me trajo a la mejor de las dichas!

No Haber Sufrido por Amor Es Como no Haber Comido Tierra de Niños

May 11, 2011 § Leave a comment

Quien realmente sabe su muerte no está para jodas”

Cortázar 

Más allá de escribir un discurso romántico e idílico sobre el amor, es necesario intentar inducir la discusión  de pensarnos en las personas que nos hemos convertido a partir de las lágrimas, los dolores y de las veces que nos han roto el corazón.

Las malas y buenas experiencias nos hacen quiénes somos. Lo malo viene por tiempos y sentimos que mata, pero siempre sobrevivimos. Juramos sobre lo más valioso que tenemos no volver a cometer los mismos errores, no sentir igual, no querer igual…Juramos lo imposible.

Lo cierto es que por cada mala experiencia, es una cana más, tal vez una arruga extra, pero es eso lo que nos hace adquirir la inteligencia emocional para poder manejar las relaciones sentimentales.

Un desfile de patanes y malas mujeres he tenido que ver y conocer. Todos rompemos corazones queriendo o “sin querer queriendo” y metemos las de andar seguido, pero aquellas relaciones que hacen que los ojos se nos llenen de agua son las que nos marcan.

Personalmente los mentirosos me hicieron desconfiar y  lograr diferenciar de la “labia” y de la verdad. Agradezco a los que nunca dijeron “Te quiero” o “Te amo”. Las mujeres creemos SIEMPRE que no lo dicen porque tienen miedo a mostrar sus sentimientos, la verdad es que si no lo dicen es porque no lo sienten. No hay nada peor que las palabras fingidas y las imaginaciones para apaciguar nuestros miedos.

Agradezco que llegaron los que nunca quisieron un compromiso (estos han sido los más). El compromiso no es tema de “ser novios” o poner en Facebook “Tiene una relación con”, tampoco de andar presentado al mentado con los papás. Se trata de decir “Estoy aquí”, estas palabras valen hoy más que nunca. “Estar ahí” no sólo debe ser físicamente sino emocionalmente. Estar es de suma importancia, máxime si se hizo la promesa de hacerlo.

Los que huyeron cuando todo se puso difícil dejan una de las enseñanzas más esenciales de la vida: uno siempre debe valerse por sí mismo, ya que la única persona con la que contamos toda la vida es con nosotros mismos. Podría seguir enumerando cantidades de cosas que he visto, pero el punto es claro: ver y vivir lo peor nos hace mejores en esto del amor.

No tener un conteo de malas historias es como no haber comido tierra de niños, es vivir en el mundo de las relaciones sin defensas y enfermarnos por cualquier cambio de clima.

Dejar ir es un arte que no se deja de aprender nunca, desapegarnos de la gente duele tanto, como una bala; sin embargo, en perspectiva, es lo mejor que se puede hacer para nosotros mismos.

Cada quien aprende lo que quiere, pero si le rompieron el corazón o le fue fatídicamente mal alguna vez, agradezca, porque ya empezó a pasar por donde asustan y está aprendiendo, si lo hace bien, a salir de las dependencias emocionales y de los cuentos comerciales sobre el amor que solo hacen ruido en nuestra cabeza y aturden el raciocinio.